Samuel grita emocionado a la espera de los planazos con los machetes y de recibir la rameada con chichicaxtle durante la “Carrera de Judas”, en el municipio de Coatzintla.

El reloj marca las 12 del día truenan los “cuetazos”  y es momento de iniciar. Los “pecadores” ya están listos para pagar esas culpas acumuladas durante el año, dice Samuel  y se quita la playera porque desea ser el primero en ser “golpeado”.

FOTO: PACO DE LUNA

Así es como se lleva a cabo la celebración en el municipio de Coatzintla donde desde hace 162 años los lugareños conmemoran el “Sábado de Gloria”.

Se ha convertido en la fiesta más tradicional de la región del Totonacapan, ubicada en la zona norte del estado de Veracruz.

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Se trata de la representación de la locura de Judas. “Pasa que él traicionó a Jesús, entonces se vuelve loco y corre por el pueblo con chichicaxtle en mano y los judíos lo persiguen” relata de manera breve, Julio César uno de los participantes del evento.

La carrera tiene duración de dos horas. En ese lapso, la gente corre –se arma prácticamente una estampida- porque nadie quiere ser alcanzado y rameado por judas que en sus manos sostiene dos rollos de chichicaxtle, una planta que al contacto con la piel causa comezón y por lo tanto irritación.

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Jonny Alarcón, uno de los jóvenes que participa cada año, cuenta que es casi prohibido dar la espalda porque entonces los judíos atacan, dan los planazos con los machetes.

Pero aquí la tradición es ir a pagar por los pecados dice Armando Cabrera Almora, quien a las 12:30 ya tenía la espalda con más de siete planazos que le abrieron la piel y esta comenzaba a sangrar.

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“La gente está muy allegada a esta tradición. Pagamos nuestros pecados, aunque otros dejan golpearse por sentir la adrenalina, pero más por religión católica”, refiere mientras voltea hacia donde está la persecución de Judas.

Las calles Bravo, Hidalgo, Juárez y Berriozabal son los escenarios principales para que Judas y los judíos corran este primer cuadro del centro del municipio de Coatzintla.

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Los hombres se quitan las playeras para sentir los dolores que provocan los golpes con los machetes, así como los ardores del chichicaxtle.  Los turistas se sorprenden de esta tradición, piden planazos y la rameada.

La plaza central y el Palacio Municipal se llena de ciudadanos, quien al notar la presencia de los judíos corren, tratan de protegerse y gritan cuando ven cerca la cara de Judas enloquecido porque este es capaz de castigar, tal y como lo hacen con los machetes que en señal de reto son arrastrados por el piso.

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Aquí, ardor, comezón y sangre se convierten en el evento más significativo para el pueblo totonaco durante Semana Santa.

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